El título de este blog (cuyo nombre se explica aquí) provocó que mi papá, que no quería enterarse de "mis intimidades", se mantuviera alejado de él. Cuando le expliqué que el romance nacional es un término académico para referirse a las novelas del siglo XIX que estudio, se sintió aliviado.
Sin embargo, sería injusto de mi parte excluir la pasión en todo esto. Cierto, en otros posts he hablado de lo apasionante que es pararse frente a los estudiantes y hablares de las relaciones de género, el tomar clases con Giselle y leer la Biblia, a Platón y a Steiner, de lo apasionante de las calles de Bogotá y sus frutas. Cierto. Pero creo que toda esta etapa de descubrimiento -de autodescubrimiento- también tiene un componente más carnal... ja...
Esta entrada sigue siendo totalmente parent approved, pero hace unos días viví uno de los momentos más sensuales de mi vida mientras comía un filete a la pimienta. El sonido de los granos reventando y el picante inundando mi boca se sintió como nunca nada antes.
Hace unos -otros y menos- días, parada afuera del apartamento, a la luz de las tres de la tarde en un día soleado de Bogotá, al pasar los dedos por el pétalo piel de nectarina de una flor que había caído en la jardinera, viví otro de los momentos más sensuales de mi vida. Morder las cuentitas de un collar fue otro.
Tal vez sea la primavera (aunque aquí la gente me ve raro cuando hablo de estaciones), tal vez sea ese amor por la vida del que me estoy contagiando, tal vez sea que los 26 son los nuevos 16, quién sabe, lo que es seguro, es que esto me encanta.
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