miércoles, 4 de mayo de 2011

Jueves 21 de abril de 2011

"Hoy, jueves, a las ocho de la noche, estoy en un restaurante en Buenos Aires, fumando, tomando whisky y leyendo Para leer al Pato Donald, con el hombro recién tatuado y con la felicidad y la satisfacción que da la tranquilidad.

Ocho años después regreso a esta ciudad siendo tan otra, un matrimonio y un divorcio después, con el corazón roto pero con un huequito de esperanza guardado en algún lugar.

Ya no quiero comérmelo todo. Prefiero saborear un pedacito, voltear hacia arriba, ver el Obelisco y sentirme grande por unos segundos.

Ahora sé que la felicidad, el paroxismo de la felicidad, se esfuma pronto (muy de pronto) y lo que queda, en cambio, es la certeza de que estoy bien, que estoy aprendiendo (a caer, la levantarme, a tropezar y a dar pasitos hacia adelante) y, sobre todo, estoy aprendiendo que me tengo a mí."

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