sábado, 7 de mayo de 2011

De las ferias.


En menos de un mes he tenido la maravillosa oportunidad de ir a dos ferias del libro. En la primera compré títulos académicos súper emocionantes como Escribiendo la idependencia. Perspectivas postcoloniales sobre la literatura hispanoamericana del siglo XIX, La nación en tiempo heterogéneo y otros estudios subalternos y el clásico Nación y narración. Mi maestra de Teoría de la Cultura I se escandalizaría de tanta postcolonialidad y tanto "estudio cultural" ("¿Estudios culturales!" -decía, con su acento argentino, "si todos los estudios sobre literatura y arte son estudios culturales... esos gringos y sus cosas. ¡Nada más no vayan a venir a decirme que van a hacer estudios culturales!")

En la feria del libro de BsAs me di vuelo pensando en la tesis y en las clases y en la ponencia de Bucaramanga y en el proyecto para Americanistas y, en fin, en todas las cosas que llenan los días de satisfacción y llenan las hojas del currículum.

En cambio, hoy, en la primera visita de varias que haré esta semana a la feria del libro de Bogotá, todos los libros que compré fueron por puro gusto. Compré libros que me harán sentir culpable por estarlos leyendo: libros no aprobados por la academia -o por Ed.-, libros que aumentaran la deuda con mi mamá hasta el año tres mil, libros que no debí de comprar en español porque debería leerlos en inglés, libros que, con todos los peros del mundo, me hacen muy muy feliz.




1. La hermandad de la uva, John Fante.
2. El aprendizaje amoroso, libro para niños que comienza con "Fueron muy felices y tuvieron muchos hijos".
3. Fiebre en las gradas, Nick Hornby.
4. El diario de rodaje de Perdita Durango: Durango Perdido.
Ah, y dos libros de Elmo para J.

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