Sí, sí, sé que uno de los síntomas de la adolescencia es creerse grande, pero en mi caso, yo entre los 16 y los 23 creí fírmemente que mi vida ya estaba resuelta, que ya había tomado todas las desiciones y que ahora sólo me faltaba seguir viviendolas hasta que me muriera... ¡ja!
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A veces me siento culpable de tanta felicidad. Si no de sentirla al menos sí de andar por la vida diciendo lo felíz que soy, pero, de verdad, no puedo evitarlo: siento que, cual caracól que va dejando su caminito de baba, yo voy escurriendo felicidad.
A veces, también, pienso que tuve mi buena dósis de drama y de amargura y que ahora el karma me está recompensando, que me lo merezco, chingá... Pero bueno, en realidad no sé si me lo merezca, pero sí creo que en este momento soy feliz porque tengo un grado de self-esteem que nunca en mi vida había estado ni cerca de tener... Por eso creo que después de diez años he madurado.
Y lo irónico de la vida es que ahora cuando me doy cuenta que la felicidad es verme a mí misma haciendo lo que me gusta y disfrutándolo muchísimo, ahora que me siento orgullosa de mis zapatos, de mi ropa, de mis libros y de mi cuarto, porque me gustan a mí, porque me veo en ellos, ahora, es cuando más positive feedback he recibido.
Ahora que me siento linda y simpática y buena onda, la gente me dice que soy linda y simpática y buena onda (la gente, aquí, en realidad no me dice que soy "buena onda" porque no dicen "buena onda" pero sí su equivalente en colombiano).
Pero también hay cosas "concretas", la felciidad en este momento no es sólo sentirme tra la la (así felíz y pacífica como soy yo, así tra la la) por dentro, sino que soy feliz porque las cosas que han dicho mis alumnos de mis clases han sido súper chingonas, lo que han aprendido (al menos lo que dicen que aprendieron... ja) me parece, de verdad, increible. O sea, me cuesta mucho trabajo creer que lo que yo dije cambió en algo sus vidas, que ahora son un poquito mejores (si no mejores personas, al menos un poquito mejores para escribir, lo que, para mí, los hace un porquito mejores personas... ja).
Además, soy feliz por los chorrocientos correos del Club de la Arepa, por las mañanas en la oficina, por los almuerzos en Wok, por las manos y los abrazos, por la palabra poética en Steiner y en Bhabha y porque entregué mi primer trabajo final de la maestría, por la flor anaranjada que me regaló MC, porque terminé de leer 2666 y porque pasaré el verano en la hemeroteca. Soy feliz por los planes y los viajes, soy feliz por todo lo que puede ser y porque, aunque al final no sea, soy feliz.
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