viernes, 20 de mayo de 2011

De la docencia II.

Nunca he sido capaz de pensar que puedo afectar a los demás como los demás me afectan a mí.

Como parte de los trabajos de final de semestre, mis alumnos tienen que escribir un texto reflexivo-argumentativo-metacognitivo en el que expliquen qué aprendieron en el curso.

Al cuestionar a uno de ellos sobre cómo pensaba sustentar con ejemplos tomados del portafolio su proceso de aprendizaje (punto número dos de la instrucción) si ya había dejado en la oficina el portafolio sin el texto, obtuve la siguiente respuesta:

pero profe, lo que aprendí en el curso no fue a poner tildes y hacer reseñas, aunque también lo aprendí, sino cómo alguien se preocupa por la pobreza y se toma el tiempo para compartir esa preocupacion con otros...
(la cita no es textual porque el correo de la universidad en su "proceso de modernización" que hizo que ahora tengamos un lindo calendario en nuestra bandeja de entrada, borró todos mis mails...)

Y me calló. Y entendí que las instrucciones y las guías y los programas son un intento por encausar y dirigir las ideas en cierta dirección, por ofrecer las herramientas que, de forma un tanto genérica, sirvan para pensar y resolver problemas, pero que, en el fondo, uno sólo puede enseñar aquello en lo que cree, y eso lo hace casi sin darse cuenta.

Así que sin tapujos he de confesar que amo ser maestra y que, en el fondo, amo a mis alumnos, aunque les diga que me van a sacar canas verdes y ellos respondan muriéndose de la risa...

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