martes, 5 de abril de 2011

Post desde la Universidad de los Andes.

Foto tomada por mi mamá en su visita a la Universidad




(Me acabo de dar cuenta que las siglas de mi actual universidad son muy parecidas a las siglas de la universidad en la que se suponía que habría de estudiar. Mi lugar era U of A, pero no la de Arizona sino la de Bogotá... en fin.)

Es la segunda vez que me pasa, salgo corriendo de la oficina de los asistentes graduados hacia el salón donde me toca dictar clase, llego un par de minutos tarde y cuando estoy a punto de abrir la puerta me doy cuenta que hay un profesor sentado en mi escritorio. La primera vez me confundí muchísimo, pensé "hoy no me toca en este edificio sino en el Au... mmm... no, espera, seguro sí es aquí... A ver, Azuvia, piensa, con calma, martes, W501... de 11:30 a ¿2?... ¡Ah! ¡Mi clase comienza hasta las 12:30!" Hoy darme cuenta de mi error tomó menos tiempo.

Debí de haber tomado como señal que afuera del salón (y no dentro, como esperaba) estaba uno de mis alumnos muy juicioso trabajando en la compu (afortunadamente no me vio porque hubiera tenido que explicarle que su maestra es despistada y a veces se cuatrapea).

Entonces, decidí aprovechar el tiempo, no leyendo a Hegel (para eso estan las horas entre mi sección de Español y Ecdótica) sino disfrutando un rato en esta maravillosa universidad. Justo ahora, estoy sentada en la terraza del quinto piso del edificio principal, con el cerro de Monserrate justo frente a mí. Desde aquí puedo ver la iglesia y el restaurante francés que están en la cima, el teleférico y el funicular (o las líneas, más bien, de hecho, no sé por qué no ha subido ni bajado ningún carro) y el frondosísimo bosque que cubre la montaña.

A mi izquierda, la ciudad. Los edificios de ladrillo que tanto me gustan, el conjunto de departamentos que, desde Monserrate, se parece a la torre de Babél, árboles y más árboles. El cielo despejado y mi reflejo en la pantalla de la RubyRed (mi laptop, roja, chiquita, con una calcomanía de "no papers" en la tapa).

Cada vez entiendo mejor que estar en la maestría es mucho más que leer buenos libros y escuchar a buenos profesores. Cuando sea viejita, en las reuniones de navidad del departamento de literatura en el que trabajaré, les contaré a mis alumnos de la oficina que compartía con S., L., G. y MC, de lo que ellos trabajaban y del chisme que echábamos, de cuando me sentaba en la terraza a contemplar Monserrate, del cub de la arepa y de los congresos que organizábamos que comenzaban como chistes en Facebook. No les hablaré de la mímesis en los clásicos ni del silencio en Steiner, para eso están las clases y las clases, eso que ni qué, no son todo en esta vida.

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