Mi fin de semana comenzó el viernes cuando salí de mi sección de Español. María V. me había invitado a una conferencia que daría en una universidad cercana a la nuestra. A la 1 estaba en su oficina comiendo una ensalada y esperando a que fuera hora de irnos y antes de las dos bajábamos por Las Aguas hacia la Candelaria. Después de una introducción al evento por parte del director de la facultad de administración en la cual cuestionaba el papel de la wipipedia y la utilidad de la lectura "de las cosas que nos entretienen", María v. nos contó de su dedicada, laboriosa y emocionantísima investigación sobre una de las escritoras más interesantes del XIX latinoamericano. Después paseamos por la Candelaria y sus calles de casas de colores y balcones idóneos para el cortejo decimonónico.
El sábado tuvimos girls night: P. y yo caminamos al Archie´s de la 82 con 13 por una enorme y deliciosa pizza con brócoli y corazones de alcachofa. Entre chisme y chisme disfruté el paseo, estirar las piernas, el aire de la noche bogotana y, sobre todo, la compañía.
De regreso en la casa, doce rebanadas y dos litros de coca cola después, el sofá echo cama, colchas, almohadas y cojines y un maratón de Discovery Home & Health: "Bodas espectaculares", "Cambiemos esposas" y "En busca de la perfección". Conclusión, ah, qué bien estamos nosotras: ni collares de diamantes, ni bandas familiares de country ni aumento de chichis son parte de nuestros planes o aspiraciones.
El domingo, desayuno sonorense con un twist: machaca con huevo con pan árabe de shawarma en lugar de tortilla sobaquera. Luego, dos visitas sorpresa, tinto y galletas. Después P. y yo aprovechamos que habíamos sacado el sillón, que convertido en cama alojó a mi adorada madre durante su visita acá y que desde su partida se había convertido en el estorbo que no permitía ni tender la cama ni caminar por la habitación sin terminar con las piernas llenas de moretes, para hacer reacomodo. La cama, el buró, un librero y el otro, recorrieron las esquinas buscando su sitio ideal.
A las dos en punto llegó E. a comer y ver una película. Chisme, risas, muchas risas, un repaso a la filmografía de Lars von Trier y el efecto que produce en mí Dancer in the Dark, arroz a domicilio (y la primera vez que ordené algo "a la mexicana"), palomitas (aka maíz pira) y una película de terror histórica y estéticamente forzada sobre los desaparecidos en Argentina. Pure goodness.
Y por si todo lo anterior no fuera suficiente, ayer descubrí que la chuecura de mi cama que hacía que se hundiera mi cabeza, se debía única y exclusivamente a unas tablitas mal acomodadas. Pure happiness.
jijijijijijiji "aumento de chichis"
ResponderEliminarNiña tengo un super paro que pedirte! Me urge, asi con mayúsculas la novela de Jorge Franco de Paraíso Travel, no la encuentro en México y era como que para ayer. Está editada por Seix Barral en la colección Biblioteca Breve, no habrá chancita que me la compres, me la fedexees y te deposito todo el monto en la cuenta de tu preferencia????
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