miércoles, 30 de marzo de 2011

Hoy, el día grandioso.

Me desperté a las 4:28. Tenía clase a las 7:15 y el despertador estaba puesto a las 5:30, pero las innumerables tazas de café del martes en la universidad hicieron que toda la noche estuviera en un estado de sueño "consciente". A pesar de que seguro me quedé dormida por varias horas, de repente me despertaba y sentía que llevaba horas así, dormidespierta. Cinco de la mañana y seguir viendo el techo esperando dormir un poco más dejó de tener sentido. Hacer las cobijas a un lado, levantarse, decidir que, a pesar de las arrugas, el pantalón se ve presentable, peinarme, buscar los aretes, poner unos sobrecitos de té en el termo, los audífonos en los oídos, play, las llaves y salir del apartamento. Teoría, Schiller, fascinación. Lo ingenuo, lo sentimental y yo en algún lugar en medio de las caterogías. La formación académica y la justificación personal. Siempre en el límite, siempre de una a otra, siempre. El club de la arepa: lo mejor. La cita del sábado, la propuesta de LASA, el raite de K., la cena con MC, Anthony Bourdain y el càrmenere. Me time, share time. La decisión de salir (de mí, de mi casa), caminar por la 53, verme. Hoy, sentada en las escaleras de la plaza comercial, con la incertidumbre de si era ese el lugar de la cita, si era esa la hora, sin saber si mi celular se había quedado en el coche de K. o si lo había perdido, sin saber si el próximo año sería mi primer congreso de LASA o si tendría que esperar otros dos, hoy, ahí, así, decidí que tengo todo lo que necesito, todo lo que me importa. Decidí que sí, que estoy bien, que soy feliz y que hoy, hoy es un día grandioso.

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