martes, 22 de marzo de 2011

Carta abierta por la cual me disculpo anticipadamente.

Hola Ex.

Hoy me acordé de cuando teníamos poco de conocernos e ibamos al lugar de las ensaladas, a una cuadra del CUC; creo que también fuimos al CUC alguna vez a comer. Me acuerdo de las sillas chaparras y estorbosas y de la comida poco espectacular que te sorprendía por barata.

Las ensaladas también te sorprendían. Te gustaba la de jícama, naranja y algo más. Te gustaba que una comida completa pudiera consistir casi únicamente de frutas. Platicábamos horas. Cuando ya no sabía de qué hablar te contaba chismes de los amigos en común. Te divertías. (Tanto odiaste después que yo hablara de los demás: lo que pasa es que no me interesa -decías.) No recuerdo qué hacía después, probablemente regresaba a mi casa, quizá fuimos al cine alguna vez.

No sé por qué terminamos juntos. Yo me sentía perdida y muy sola y tú estabas ahí. Muchas veces te pregunté en medio de las lágrimas por qué estabas conmigo y nunca me respondiste.

Después me dijiste lo buena que era para ti pero ya no pude creerte.

Mi verdadero gran defecto (el único, tal vez, que nunca señalaste) se volvió contra ti: yo, la que cree en todo lo que le dicen mientras la haga sentir bien de algún modo (aunque duela) dejé de disfrutar tus mentiras. Hacer como que era cierto lo que decías era como pretender que me gustaba el aderezo de miel y el agua de melón del lugar de las ensaladas: un sabor que sólo valía la pena aguantar si recibía algo a cambio, y tú, tú dejaste de ser recompensa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario