Acabo de leer un texto de Iván Sierra en Los Suicidas. Creo que él es el último escritor en el que creo, con el que podría sentarme a platicar y terminarme una botella de whisky (¿tomará whisky?).
Después de mi intensa y destructiva relación con los que se dedican a escribir lo que yo me dedico a leer (mi mayor lección en la vida: a un escritor sólo hay que creerle la mitad de lo que dice y dudar seriamente de la otra mitad...) decidí imponer una orden de restricción: la muerte del autor de Barthes para mí se convirtió en algo casi literal.
Pero a Iván, a quien he visto una, tal vez dos veces, lo conozco, más que por sus textos, por las palabras maravillosas que salen de boca de los amigos en común cada vez que hablan de él. Cuando lo leo me doy cuenta que soy más fresa de lo que supongo y me escandalizo de algunas cosas; odio la revista que edita y algunos de sus amigos más cercanos están en mi lista negra. Pero me encanta ese que se da todo y deja tripas, sangre y lágrimas en cada estado de FB. Siempre he creído que para estar al otro lado de una pluma o de un teclado se necesita ser un personaje, que uno se va construyendo a partir de los fragmentos que suenan a lo que uno quiere y de las cosas que uno disfruta de aquello que odia ser.
Pero su personaje me gusta, además del goce estético que me produce su gramática perfecta, con él siento un deleite viceral que tiene que ver con compartir how broken and messed up we are. Cometemos los mismos errores con los hombres, nos da por complacer a los demás, tenemos miedo a estar solos...
Creo que comencé esta entrada pensando en escribir acerca del amor y el rechazo y del cariño y del coraje y de todas las cosas que van en medio (happy, hungry, sad are just one emotion for me; I haven't felt just one simple thing of the longest time) pero he pasado suficientes horas sentada frente a muchos loqueros como para reconocer la necesidad de racionalizarlo todo. De como los daddy issues nos llevan a buscar el tipo de aprobación y consuelo que justifica las heriditas que dejan los silencios y la distancia con las pocas palabras lindas que uno recibe a cambio.
Pero ahora, en cambio, tengo que practicar el decirme que sentimos lo que sentimos y ya está. Y hoy decido sentir bonito hablando de alguien a quien quiero y a quien disfruto de lejos... so, hey! Mr. Tambourine Man, play a song for me, I'm not sleepy and there's no place I'm going to. Hey! Mr. Tambourine Man, play a song for me, in the jingle jangle morning I'll come followin' you...
Qué bonito post y qué enternecedor final.
ResponderEliminarVas a hacer que me chivee...
ResponderEliminar;)