Después de un unpocoaccidentadoperohermoso recibimiento por parte de tres hermosas personas: una, mi muy querida y anunciada Moni y las otras dos, sus muy queridos y anunciados -que en estos días iré conociendo y que estoy segura que se convertirán también en mis muy queridos-... llegamos a mi nuevo hogar.
Este departamento es como el lugar donde siempre quise estar, cada mueble, cada cuadro, cada rincón, la vista desde la sala: maravillosa. Casi me cuesta trabajo creer que estoy aquí, yo, que hace exactamente cinco meses tomé la desición más fuerte y más importante de mi vida, la más dolorosa pero la que más feliz me ha hecho.
Anoche soñé con Ex, un sueño pesado del que desperté queriendo escribir, para borrarlo, para quitármelo de encima, pero, después de salir de mi nueva habitación, de escuchar la risa del bebé, de decir buenos días, de mirar por la ventana, me doy cuenta que lo importante, lo que quiero escribir, es hoy. Es esta ciudad que aún no conozco pero que me espera; este cuarto lleno de libreros todos vacíos y todos para mí, estas paredes que pronto tendrán fotos, dibujos, notas; es esta vida que empieza y que no es nueva sino sólo una continuación de las cosas buenas que hay en mí y que están conmigo. Cursi, claro, lo reconozco, siempre he sido un poco, pero hacer mis maletas y mudarme cuatro mil kilómetros a una ciudad donde conozco solamente a una persona, da un buen pretexto para serlo un poco más.
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