No soy una mujer de puntos medios. Por eso me cuesta trabajo asimilar días como el de ayer, cuando resulta que hay que ir a tramitar una ampliación de ocupación de la visa, sacar una cédula de extranjería y una cuenta del banco para poder firmar el contrato y ser oficialmente asistente graduado.
Días en los que hay que pasar más de una hora sentada en una oficina para poder tener un celular de acá y en los que ese celular suena y suena (con la llamada que dice que no es necesario que regreses a la universidad hoy porque no estuvo el documento) y yo nunca lo escucho y no contesto y llego a la universidad y nada.
Días en los que los zapatos que allá eran tan cómodos aquí dejan dolor de rodillas.
Por otro lado, días como el de ayer en el que caminé sola por primera vez las calles de Bogotá, en el que me fumé mi primer cigarro en más de una semana sentada en la terraza de un Juan Valdéz tomando un café con leche, en el que comí berenjenas con M., en el que conocí el departamento de literatura y fui recibida con abrazos.
Al final, me frustra y me estresa no tener todo listo y bajo control, aunque ahora me doy cuenta que el papeleo y las idas y venidas son lo de menos si estoy donde quiero estar y si puedo escribir lo que quiero decir, aunque eso signifique hablar más de la cuenta.
(Por cierto, llevo días pensando en eso de por qué es mejor quedarse callada que irle diciendo a todo el mundo -o algunos sujetos del mundo- lo que una siente, quiere, piensa, añora, desea... pero bueno, eso es harina de otro post...)
aguanta un poco, las primeras dos semanas son asi, papeleos y trámites que cada vez parecen tener menos sentido, peo luego ya que todo está tramitado, burocratizado y sistemizado es la agustez total. Véle preguntando a M por una zapatería donde comprar zapatos colombianísimos comodísimos por aquello de que ruarás mucho por Bogotá :D
ResponderEliminarQue padre leerte.