viernes, 21 de enero de 2011

De cómo tardé menos de una semana en regresar a México cuando pensaba no hacerlo durante un año y medio.

Se siente muy raro estar de nuevo en el lugar que dejé hace una semana. El jueves antepasado estaba acostada en esta misma cama, cubierta por las mismas cobijas, comiendo mandarinas. Y lo extraño es volver a este sitio, en el que aparentemente nada cambió (mi toalla sigue colgada en el baño, aunque ahora el refrigerador está desconectado) y saberse tan distinta.

El miércoles pasado me enteré que había habido un "error de comunicación" con la Universidad y que la visa que había sacado en México no me servía: no podía hacer el trámite de contratación para dar clases y sin eso no había nada más qué hacer, nada: ni maestra, ni estudiante ni nada, sólo alguien que deambula por la Universidad con una etiqueta con su foto pegada en la solapa (aunque decirle foto a ese manchón de tinta es, en realidad, concederle demasiado).

Además, no sólo tenía que sacar una nueva visa sino que debía salir del país para poder hacerlo.

Las casi dos horas que pasaron entre que dejé el Ministerio de Relaciones Exteriores y llegué al Departamento de Humanidades fueron de las más angustiantes de mi vida. Tal vez estoy exagerando -como habrán podido notar, cosa no muy rara en mí...- pero por un instante me imaginé de regreso en México diciendo, bueeeno, ni modo, lo intenté, no se pudo, lástima. El primer escenario era caótico: era el mediodía del miércoles, yo tenía que salir de Colombia, solicitar de nuevo mi visa, regresar, sacar la cédula de extranjería, abrir una cuenta de banco y estar lista el lunes para dar y tomar clases.

En cuanto llegué al Departamento el escenario dejó de ser tormentoso y desolador. Tras la puerta, MC y B. diciéndome que no me preocupara, que el asunto se iba a resolver y que ellos se encargarían de todo. Respiro de alivio. Abrazos.

El segundo escenario me colocaba a mí yendo a Panamá a sacar la visa. Éste fue descartado por la decanatura del Departamento por arriesgado: me podía perder, me podían robar (a mí o mis cosas... ja), me podían pedir no se qué documento y aquello podía terminar en la Universidad teniendo que sacarme de Panamá y llevándome de regreso a México para poder intentar una vez más entrar a Colombia. Escenario tres: ahorrarse el emocionante pero poco confiable paso por el país centroamericano y me enviarme directo a México, a mi casa, a la misma oficina de Paseo de la Reforma donde, justo hace una semana, me entegaron mi primera visa... Ahhhh...

Y heme aquí, de regreso en México, en el DF, en Pacífico, después de un vuelo que salió de Bogotá a la 1 de la mañana y llegó aquí a las 5. Heme aquí, en la misma cama en la que escribí la primera entrada de este blog, con una visa TT en trámite, con el fin de semana a mi entera disposición para ver a mi R. y con 46 kilos de equipaje disponibles para llenar de mole y chipotles y harina para tortillas y tortillas y todo lo que se cruce por mi camino de aquí al miércoles.

Definitivamente, no le puedo pedir nada más a la vida, nada.

2 comentarios:

  1. que bueno que no te fuiste a panama, puro terror los panas jajajaja oye pues aprovecha para tener una megasuper despedida aultranza y duermes la cruda en el avion de regreso a bogota :)

    a cuantas horas estas del df? 4? osea a 7 de hermosillo?

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  2. Sipos... el vuelo está programado para cuatro horas y media pero eso es contando el retraso que ocasionan las múltiples revisiones (de ida y vuelta... ja). Tons, en efecto, estoy a 7 horas en avión del ransho...

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