Hoy decidí darme el día libre. No libre, libre: fui a clase de Teoría literaria a las 7 a.m. y después dicté mi sección de Español a las 11:30. Pero después de eso, en lugar de ir a recoger mi cédula de extranjería, decidí caminar hasta la Séptima, sacar dos mil pesos de mi bolsa y tomar el bus hacia mi casa.
Decidí tomarme el día libre porque las últimas dos noches he dormido sólo un poco más de cuatro horas (cada una, tampoco soy faquir), porque la de Teoría fue mi última clase de la maestría en la semana y porque ya tengo preparada la sección que me toca dar mañana. Hoy decidí dar por terminado mi día académico a la una, porque sentí que había sido suficiente una clase de tres horas sobre Platón, el "Ion" y La República (durante la cual me tomé un expresso doble con dos de azúcar y me comí el betún de un bollito para ver si la cafeína y el sugar rush me ayudaban a mantenerme despierta), una plática en el pastito con mis compañeros (en la cual me sorprendieron con sus vastos conocimientos sobre Roberto Gómez Bolaños y otras curiosidades de la televisón mexicana mientras yo, tomaba otro café) y una clase en la que, a partir de un texto y un argumento que conocía de oídas desde antes, pude discutir con mis alumnos acerca de la pobreza, la ética y la responsabilidad y la lucha por la equidad de género.
Aparentemente podía darme por satisfecha y call it a day. Con lo que no contaba era con que una vez en mi casa, cuando la pasta con hongos y chile guajillo fuera sólo un delicioso recuerdo y después de haber barrido y trapeado -más como un acto de procrastinación que como uno de limpieza-, comenzaría a sentirme aburrida, nostálgica, inquieta, medio tristona. No sabía que no podía darme el lujo de tener toda la tarde libre para ver Big Love, actualizar el Facebook y bajar discos porque eso me llevaría, inevitablemente, a pensar en las cosas que dejé allá para poder estar aquí. Don't get me wrong, me fascina esto: mis clases, la universidad, la ciudad, sentirme como una profesional y como la más novata de las aprendices; pero no puedo evitar sentir que hay una parte de mí que se quedó allá, que muy en el fondo tengo un huequito, algo que me hace falta, que se qué es, pero que no puedo tenerlo.
Y ni modo, lo único que puedo hacer es cambiar el drama de los polígamos americanos en la serie de HBO por más horas en la universidad, por artículos sobre investigación feminista y estudios sobre el discurso, por visitas al archivo y por powerpoints con los usos de la coma y los signos de puntuación. Lo único que puedo hacer es llegar rendida a mi casa, tomar un baño con agua calientísima (ahora que he descubierto cómo hacer para que así salga) e irme a la cama con la esperanza que el día siguente, sea igual de cansado que el anterior.
Sé bien de lo que hablas. Estar aquí pero quedarse un poco allá, no seremos ubicuos pero bien que nos distribuimos en distintos lugares, en diversas querencias. Toca disfrutar el presente y regodearse con los recuerdos para que ya no sean pasado, para que también sean presente.
ResponderEliminarUn abrazo grande,
Rafa
¡Rafaaaaaaa!
ResponderEliminarTengo meeeeeeses queriendo escribirte... ja... soy de lo peor.. ja... Como habrás visto, estoy en Bogotá, viviendo con Moni, las dos nos acordamos mucho y muy queridamente de ti.
Al final ya no fue necesario lo de la carta que te había dicho porque igual se me pasaron las fechas y bla, bla, bla, pero conseguí una beca en la Universidad de los Andes y me vine a hacer la maestría. Excepto por aquello de las querencias repartidas, todo va maravillosamente.
Qué gusto saber de ti.
¡Un abrazote!
Calla boca que en eso de tener meses queriendo escribir, sin hacerlo, soy un especialista, jeje.
ResponderEliminar!Suena padrísimo lo de Colombia!!! Estaré muy pendiente de tus andanzas "por allá" vía el blog. Espero que sigas escribiendo.
Saludos a Moni ;)