Sé que muy probablemente dentro de unos meses no me acuerde de esto o, incluso peor, comience a decir todo lo contrario, pero por ahora, creo que no me molestaría para nada pasar todo el día en la universidad, aunque fuera lo único que hiciera durante un año y medio.
Bueno, claro que me gustaría conocer Monserrate, el norte de la ciudad, conocer más el centro, ver el sur en donde Alex dice que todos son más felices; pero a lo que en realidad me refiero es que podría pasar horas y horas (y horas) en la universidad porque, solamente en el tercer piso de la biblioteca principal hay tres lugares en los que me gustaría sentarme a leer, a calificar trabajos, a ver películas, a escribir -incluso entradas a este blog.
Además están las bancas y sillas y mesas en los espacios al aire libre, las laderas cubiertas con pasto. Está también la sala de asistentes graduados y el Ona (el Starbucks colombiano) a unos cuantos pasos de ésta, con tintos y lattes y sándwiches de roast beef y panecitos con poppy seed (aunque esos no estén tan buenos).
Y una de las cosas más maravillosas de todo eso es que puedo elegir cada vez en dónde pasar mi día (excepto por mis horas de atención y mis horas de clase), y si no me gusta ese lugar, probar con otro porque todo está tan cerca, pero todo es tan diferente: cientos de escalones que suben y bajan, pasillos curvos que se van abriendo y te llevan a grandes explanadas, cientos de metros cuadrados de ventanas por donde entra toda la luz de Bogotá, todo comunicado, como un gran laberinto (verde, verde) en el que el chiste no es llegar al centro, sino disfrutar cada dead end. En fin, creo que he encontrado mi país de las maravillas y presiento que me voy a sentir mucho muy agusto ahí.
haces que le den ganas a uno de andar por esa universidad, y de viajar... no sabía que estabas en Bogotá!!! la mejor de las suertes, mujer! y un abrazote.
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