
Ahí, entre los champiñones, los espárragos y los pimientos, había pepinos que más bien parecen chiles poblanos con piquitos (y que también se rellenan de carne) y verduras que ni las dos colombianas que me acompañaban habían visto ni probado nunca. Ahí también, junto al maracuyá y a las guanábanas del tamaño de una piña, estaban las feijoas, las granadillas, los mangostinos y las uchuvas.
Guanábana del tamaño de una piña.
Y mi sorpresa no se debe sólo a que vengo del pueblo del chile, tomate y cebolla. Comparado con Surtifruver de la Sabana, el puesto de frutas de la señora simpática de Coyoacán, parece un Super del Norte cualquiera de la periferia hermosillense.

Uno de los muchos pasillos de Surtifruver
Definitivamente, después de probar las frutas colombianas, comer fruta en cualquier otro lugar del mundo se ha de convertir en una cosa aburridísima.
De arriba a abajo, de izquierda a derecha: granadilla, mangostino, feijoa.
Detalle de una granadilla.
Uchuvas.
Pepino colombiano.
Confieso que no leí el post, me caigo de sueño por andar calificando hasta la madrugada pero basándome en las fotos solamente puedo decir: ¿qué demonios es un pepino colombiano? Parece la versión masculina de un chile con complejo de vagina dentata, WTF! ¿es tan siquiera un pepino?
ResponderEliminarAzuvia! Me vengo enterando de todo... hasta de que estás en Colombia y que estudias literatura del XIX. Gran noticia. Esa descripción de arriba del pepino me pareció taaaaan "gallo con papada". Me encantó Jajaja! Te mando un abrazo y mucho éxito!
ResponderEliminarDeidre