Durante una de las ocasiones que estuve en el DF para atender asuntos relacionados con mi ingreso a la maestría, pasé frente a una tiendita que a lo largo de los años ha sido cafetería, bazar, pastelería y que ahora se erige como un local de giro comercial indefinible. O sea, venden mugres. Bolsas, globos, juegos de tazas, el tipo de cosa que uno regala en los intercambios (si la persona no resulta de nuestro total agrado) o a las maestras en su día.
En esa tienda que podría pasar por el estanquillo del siglo XXI (all man made materials), vi aquella vez, escrito en una cartulina color neón, un anuncio que parecía un presagio más:
Oferta.
Lencería colombiana.
Mi mamá pasó por ahí semanas después y me preguntó por la lencería colombiana, "¿qué a poco es famosa?" Yo le contesté que no tenía idea pero que yo también había visto el letrero y que no me había podido resistir y que había entrado para no quedarme con la curiosdad. Le conté que, colgados en un rack pinchurriento, había encontrado brassieres enormes, caros y nada espectaculares. Pero la pregunta quedó en el aire, ¿qué apoco es famosa?
Hace un par de días fui al súper que queda cerca de mi casa. A pesar de que detesto los supermercados de dos pisos, decidí darle una oportunidad y explorarlo todo, revisar pasillo por pasillo para darme una idea completa de qué cosas puede uno comprar en el Éxito de la 52 con 13. Pañales, mezcla para hacer buñuelos (sólo agregue queso costeño), pan negro, galletas con mermelada al centro, blusas y pantalones que no parecen ropa de súper, Converse, y brassieres.
En cuanto vi aquellas prendas de colores brillantes con listones, botones, encajes, estampados y cuanta cosa se pueda uno imaginar, todo combinado en perfecta y ecléctica armonía, recordé la cartulina neón y pensé, "mira, a lo mejor sí es famosa, si no, al menos sí muy mona". Recorrí fascinada los estrechísimos corredores que formaban los estantes y cuando creí haber terminado con mi cuidadoso escrutinio de ese departamento, me topé con un pasillo en el que había más brassieres y más chones. El siguiente pasillo, lo mismo. Y el siguiente, y el siguiente, y el así por 4 pasillos más. Nunca en mi vida había visto tanta ropa interior junta, nunca.
No sé si la ropa interior colombiana sea world wide famous, lo que sí es seguro, es que al menos a nivel local, es sumamente popular.
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