domingo, 25 de diciembre de 2011

Navidad.

Nunca me había puesto a pensar en el "significado de la Navidad". Como niña atea que soy y siempre he sido, el sentido religioso y espiritual nunca ha estado presente en mis noches de pavo. En realidad, la navidad durante muchos años fue la fecha que celebrábamos "solos". Cuando vivía en Hermosillo y viajaba con mi mamá al DF, mi papá se quedaba en la casa y sólo llegaba a la tierra de los tacos de canasta para año nuevo. Mis tíos pasaban nochebuena con sus hijos y sus suegros y el recuerdo más vivo que tengo de aquellos veinticuatros en México es que usábamos la mesa chica de la cocina en lugar de la del comedor.

Los regalos siempre han sido la mejor parte de navidad: mi máquina para hacer calcomanías, mi carrito a control remoto, mi botella de vino francés, libros, aretes, mi rebanadora... todos regalos que me han hecho muy muy feliz. 

Hoy me di cuenta que ese es el significado de la navidad para mí: los regalos. Y sí, as corny as it sounds, los regalos no son sólo aquellos que vienen debajo del papel y los moños. Este año los regalos han sido muchos y maravillosos, empezando por el kilo de tortillas de maíz y la ensalada de papa de la abuela y, evidentemente, la abuela, su viaje de muchos kilómetros para dormir en mi cama y compartir la vista de Bogotá por la ventana, mi mamá, mi prima y mi tío. 

Y los regalos que me ha dado esta ciudad: las tardes frías y soleadas, la oportunidad de dar clases, las arepas, las uchuvas y los mangostinos, y los amigos, los maravillosos, queridísimos y siemprepresentesenmicorazoncito amigos. Ellos son mi regalo.

Y mis amigos del terruño también son mi regalo, por acordarse de mí, por extrañarme como los extraño y por sacar en mí a la Azuvia más divertida y segura de sí misma, por prepararme tan bien para esta ciudad y para esta vida. 

A todos ellos, todo el amor y toda la felicidad del mundo... ¡salud y feliz navidad!

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