miércoles, 21 de diciembre de 2011

Del pasado.

Hay una parte de mi pasado con la que no he resuelto cómo relacionarme. Durante mucho tiempo tuve pegada, junto al espejo de mi cuarto, una lista de frases de Jodorowsky que debían servir como recetas para la felicidad. Cada vez que me peinaba o que desarrugaba los pantalones con las manos veía de reojo la lista. "Lo que no das a otros te lo quitas", la noticia positiva de la hija del presidente que se enamoró del obrero y la súper taquillera que hoy es parte de la colección de playeras de la librería El Péndulo: "concédete todas las posibilidades de ser, cambia de caminos cuantas veces sea necesario". Sí, lindas e inspiradoras. Pero en realidad la frase que que leía y leía y repetía, la que me consolaba y me daba fuerza, mi frase en esa lista no era una lección sobre cómo ser feliz, era la postura que justificaba mi rencor hacia ellos, mis ex-amigos: "el perdón sin reparación no sirve".

Y no es una de mis cosas favoritas en el mundo que mi primer amor, con el que todo era poemas y muñecos de peluche con metáforas por nombre, haya terminado en odio jarocho, público e irreconciliable odio jarocho.  Y ahí, varios años y kilómetros después, con Jodorowsky de mi lado, trataba de construir una relación con mi pasado.Y eso incluía odiar fervorosamente todo lo que tuviera que ver con aquellos años: odiaba la escuela de Letras, odiaba la música que escuchábamos, los poemas que escribí, odiaba incluso, las personas y las noches de antes de que todo se volviera horrible.

Hoy me desperté pensando en una canción que hace poco me hizo feliz. Hace diez años, hace exactamente diez años cantaba esa canción junto a aquel hombre y nuestros amigos. Hace diez años ibamos los seis, a veces cuatro, miembros del club alcancía-marmota a San Pedro en un coche al que había que echarle chiltepín para que no se calentara, escuchando un casette grabado con las canciones de Mira que eres canalla. Hace diez años bailaba "Hemingway delira" mientras tomaba cahuamas Cartablanca.

Bajé el disco y ya voy en la tercera ronda. Me las sé todas. Me las sé todas y me doy cuenta, mientras canto, que esos fueron buenos tiempos. Cuando veo en mi cabeza aquella madrugada del primero de enero en el porche de la casa de Santa fe, cuando me veo con una calcomanía de un oso patinando pegada a mi abrigo de peluche, tomando vino tinto y fumando puritos, cuando me acuerdo del cuadro me regalaron ese día y que sigue colgado en mi casa, cuando pienso en las noches que siguieron a esa, en ese invierno en Hermosillo, me acuerdo que fui feliz, yo fui feliz y esos recuerdos son míos. Y aunque siga sin saber cómo relacionarme con el pasado que se llama Iván, queda mucho de esos días con otros nombres, como Venecia, Ballesteros, Sabina, Silvio, Aute.

No hay comentarios:

Publicar un comentario