jueves, 15 de diciembre de 2011

De los de allá.

No sé si sea la esperada y muy bien recibida reducción de serotonina encapsulada o la cercanía con los 27, pero cuando pienso en mí hace un año siento como que ahora me falta ese espíritu de ¡¡¡woooooo!!! (es decir, de grito eufórico con los ojos medio cerrados y con el brazo arriba).

En diciembre de 2010 me levantaba todos los días con ese grito de euforia por dentro: era una mujer reciente y felizmente divorciada, estaba a punto de irme a estudiar becada a Colombia, volvía a tener pijamadas con mi bestest frienda, estaba flaca y amaba cómo me veía en vestiditos diminutos que usaba a pesar del frío, salía con un hombre encantador que me hacía reír muchísimo y el tenía reservado un lugar en el sillón de Peperich's en el que me sentía cómoda y feliz. 

Fiesta, mucha fiesta; piñas coladas, Nochebuenas, carnes asadas, discadas, girl's nights out y cheves tranquilonas por ahí. Y lo mejor de aquellas noches: los amigos. Las curas con el Erich, los bailes con la Pepé, la platicada con la Galicia, la espera por la Renée, los chistes locales con el Main, los playlists del Fido, la risa de la doctora, el Roxyto. El café del Olimpus con la Dnisa y la Rana, la vez que desconectamos el cable del sonido mientras zonzeabamos detrás del escenario, mi Linduñis, el jocoque y Top Chef. Esos, sin duda, fueron buenos tiempos, muy buenos tiempos.

Hace rato que no siento esa euforia que me hace brincar, pero en cambio me sale una sonrisa desde adentro cuando veo entrar la luz de las 5 de la tarde por la ventana del apartamento, cuando prendo las luces del arbolito y veo los regalos sobre el primer pie de árbol bonito que he tenido en mi vida, cuando pienso que en un mes tendré la primera tarjeta de crédito con mi nombre en la deuda, y cuando leo el periódico, veo las noticias o escucho a la gente en la calle y entiendo de lo que están hablando. 

Y aunque me entra la nostalgia porque esta será la primera navidad en muchos años que pase lejos de Hermosillo (y la primera lejos de México), porque este año no habrá ni tardes de tacos de asada del Leñador con la única persona que regresa ahí después de que salen grapas en su comida (y que regresa, en parte, por mí), ni dogos (de la Uni, como aquella última vez) a las tres de la mañana, ni carnitas del Cochito Loco en hieleras como mesas en el estudio de mi papá, aunque este año no habrá largas filas en el Costco para comprar el pan y los ravioles, ni viajes a la pastelería Suspiros para encargar la rosca Toffe que le gusta a la mamá, ni ninguna de esas cosas que hacen diciembre en el ransho, a pesar de todo eso, ese warm and fuzzy feeling que acompaña la sonrisa de satisfacción está a punto de convertirse en pure excitement (con brincos de felicidad incluidos) con los planes, las recetas, las compras, los juegos y las horas de chisme que me esperan ahora que llegan la mamá, la abuela y la prima a Bogotá. Yeah.

2 comentarios:

  1. La distancia es corta y el tiempo más, en un abrir y cerrar de ojos estarás disfrutando de todo eso y de mucho más.

    Un abrazo y un paquetote de buena vibra.

    p.d. Las chips sabor valentina tienen caducidad, esperare hasta la última fecha y si nos ha llegado pues me las voy a tener que comer aunque engorde :P

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  2. awww me mencionaste!! mega luvinglingly fuzzy feeling :D
    dsifruta tu Navidad en colombianas tierras, que encontrarás la manera de hacerla tuya ya verás.

    el rancho siempre estará aqui esperandote con brazos abiertos y caguamas heladas

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