jueves, 15 de diciembre de 2011

De los de acá.

En Hermosillo están mis amigos de toda la vida, la gente con la que crecí, los que me acompañaron en los momentos más divertidos y en los más complicados; mi corazón es norteño y está hecho de tortillas de harina y espinitas de choya.

Pero Bogotá es mi hogar. Es mi hogar no sólo porque, de verdad, amo sus días fríos y soleados sino porque me ha dado cosas maravillosas con las que soñaba (y otras que no tenía idea que me harían tan feliz).

Hace varios meses me di cuenta que estaba en el lugar correcto cuando, en una fiesta, discutíamos cuál era el mejor formato de citación. Y no, no es que crea que la felicidad está en una bibliografía bien hecha sino que creo que tener un grupo personas con las que bailas reggaetón (nunca lo había escrito y según Wikipedia así se escribe), compartes recetas de cocina y preparas caipirinhas, a las que les lees los textos amenazantes de tus alumnos, a las que les sirves café y las que te sirven café en la oficina, personas que te dejan picar de sus platos a la hora del almuerzo, con las que pasas noches de canciones cursis auspiciadas por YouTube y con las que discutes acerca de los criterios de evaluación en los trabajos de literatura, tener cerca un grupo de personas que hagan todo eso contigo, eso sí es felicidad, pura e inigualable felicidad.

Y este post es eso, una simple declaración de amor a ellos que me hacen tan tan feliz.

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