Y me eché un chocolate con queso (con panecito y almojábanas), un choripan y unas Club Colombia.
Me quité de encima días de encerrón y neuras. Y me reí, ah, cómo me reí. Me reí y fui feliz con Ed., Marce y A. mientras clebrábamos el gol de Bolivia en un local argentino (sólo por llevar la contra, oficio digno de un académico en formación) y hacíamos un elogio al área andina invocando sus danzas y su fauna. Fui feliz cantando canciones de Fito y de Calamaro, tangos y unas de Serrat. Burlándonos de todo, desquitándonos del mundo a carcajadas, fui feliz.
Y cómo no, si la mejor forma de conservar algo de cordura cuando uno está que se corta las venas con una cuchara, sin duda alguna, es echar relajo con sus seres queridos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario