La mujer sin dedal es un ser horrible.
En la casa de una mujer sin dedal reina un espantoso desorden, el
desaseo i hasta la licencia.
¡Desgraciado el marido de una mujer sin dedal! Esa mujer sueña
con el divorcio. ¡Infelices de sus hijos, i sobre todo de sus hijas!
Al entrar en una casa lo primero que debéis hacer es ver dónde
está el dedal de la mujer que vive en ella: si se encuentra encima de
la mesa o de la chimenea, o en cualquier parte que sea, menos en el
suelo, estad seguros que en esa casa reina el mayor orden. Los hijos
de ella son respetuosos i prudentes, las hijas laboriosas i dotadas de
buen juicio i el marido un padre respetado i querido.
(...)
El hombre medita andando o inmóvil en su gabinete, i también al
elevar sus preces de Dios.
La mujer reflexiona cosiendo. Andando se distrae o se fastidia;
orando pide, se queja, suplica, pero no reflexiona.
La mujer sin dedal en nada se ocupa i para nada tiene tiempo. Su
vida se construye en el vacío (…)
Para la mujer sin dedal, la vida es larga i la muerte viene pronto.
"La mujer sin dedal", periódico El Alba,
Bogotá, 15 de julio de 1869.
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