Estar lejos ha sido un ejercicio de paciencia. He tenido que aprender a tomarme las cosas con calma, a no correr. Poco a poco he descubierto que si no tengo lo que yo quiero en el momento exacto en el que lo quiero seguramente es porque lo que viene es lo mejor, what was always meant for me to have...
Ese ejercicio de paciencia es el que hace posible que no me mate la ansiedad y que, en cambio, espere feliz y tranquilamente la salsa de chile seco y los maravillosos pantalones que llegarán con mi adorada madre (y mis igualmente maravillosas y adoradas abuela y prima) dentro de cinco meses. Es también el que hace posible compartir de verdad la felicidad de los amigos que toman enormes decisiones amorosas y no sentir ni el más mínimo grado de envidia (eso es bueno, queridos, muy muy bueno). Ese ejercicio es el que me hace disfrutar estar exactamente donde estoy, con esta vida de casa sola, de ponencias que parecía que nunca se escribirían, de clases de oyente y de la dosis perfecta de delicioso esponjado de maracuyá.
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