domingo, 5 de junio de 2011

Somewhere over the rainbow

Bluebirds fly.
(...)
Why then, oh why can't I?


No sé por qué me pareció apropiada esta canción para este post. Nunca he visto la película y el vínculo más cercano que tengo con El mago de Oz fue cuando en la secundaria fui Dorita en la maravillosa adaptación que hizo Elisa para la clase (The Wizard of All of Us, que empezaba con "Oh my god! What in Oz have we done!" y terminaba conmigo "cantando" Somewheeeeere over the rainbow...)

Creo que su pertinencia no tiene que ver con los deseos de volar muy muy lejos, ni de estar en ese lugar donde nada malo ocurre y troubles melt like lemon drops, sino que me parece una canción inevitablemente triste. Llena de ilusiones, esperanzas, sueños y todas las cosas cursis que se le puedan ocurrir a uno, pero inevitablemente triste. Y Judy Garland lo sabe, por eso se pregunta why can't I, porque sabe que ni ella ni ninguno de nosotros volamos por encima del arcoiris y que los problemas, más que ser gotas de limón que desaparecen en los techos, son como gotas de limón que caen en los ojos (sí, sí, limpian y purifican, pero, ah, cómo duelen...)

Como Dorita despertando lejos de Kansas, estos últimos días he tenido una sensación extraña de desconcierto (y desconsuelo) al despertar. Supongo que la nueva rutina y el eco que ahora se escucha en el pasillo tienen algo que ver. Supongo que el darme cuenta que no estoy curada de wishful thinking y que por más que me concentre en cada paso y en cada palabra de alguna forma termino espolvoreando chochitos sobre los corazones, también tienen que ver.

Pero creo que, apesar de que doy vueltas y vueltas por el departamento tratando de acostumbrarme a que la planta de flores rosas no esté en la sala, de que entro y salgo de la cocina como quisiera hacerlo de mi twisted little head, a pesar de que me siento un poco tonta por creer que si uno quiere lo suficiente y golpea los talones de los zapatos rojos va a regresar a casa (puedo culpar de eso a las miles de veces que me senté frente a la tele a escuchar a los Ositos cariñositos tomarse de las manos y decir "lo, deseamos, loooooo, deseaaaaaamos" para contrarrestar el mal con amor y así revivir a los niños del campamento), a pesar de todo eso hay algo que tiene sentido.

Es por eso que no necesito palabras, por eso no hay margaritas deshojándose en mi pecho, porque no necesito ganar y quedarme con lo que no es para mí, porque si sí es para mí será a pesar de que no me guste la poesía (que sí me gusta, pero a ella, igual que al amor, toca volver a dejarla entrar). Porque este corazón de condominio que quiere con pasión y locura, está comenzando a habitarse de Soledad (Acosta de Samper), de María, de novelas que se leen en un fin de semana, y sí, también de poesía.

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