jueves, 1 de marzo de 2012

Por esto me encantan las novelas del XIX.

De esto se trata "El talismán de Enrique" de doña Soledad:

Enrique se casa en secreto con su amada Cecilia, una huérfana de cuyo cuidado y dote quedó encargado el tío, un marqués empobrecido y vengativo. Los amantes huyen a Lima donde esperan la partida de un barco que los llevará a España pero, debido a la intervención de una bienintencionada pero imprudente criada, son descubiertos por el tío. Cecilia es obligada a viajar con su tío. Enrique los sigue hasta México en donde descubre que Cecilia ha muerto. Dieciocho años después continúa la historia en Cádiz: Enrique es un exitoso abogado que, ante la insistencia de su madre y la resignación por el amor perdido, contrae matrimonio con Carmen -otra huérfana-, protegida de su madre. La desgracia llega nueva y definitivamente para Enrique cuando, en la noche de bodas, se entera que Carmen es su hija. Como consecuencia de un padecimiento que lo hacía susceptible a impresiones fuertes -adquirido cuando se enteró que había perdido a Cecilia-, Enrique muere. Carmen decide velarlo por tres días; al tercer día Enrique revive. Enrique agradece el milagro y consagra su vida a Dios. 

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