Cuando llega a la oficina a las siete y hay café listo.
Cuando la mañana anunció un good hair day.
Cuando no tuvo pesadillas relacionadas con rupturas y exámenes reprobados.
Cuando se va a acostar después de un baño con agua hirviendo.
Cuando se mete a bañar después de una llamada que no trata de decir lo que uno quiere y que dice exactamente lo que uno quiere.
Cuando reorganiza el corcho de la pared y, junto a la lista de pendientes organizados por fecha de entrega, pone una foto.
Uno deja de sentirse achicopalado cuando el plan del día incluye una visita a la hemeroteca, una reunión para discutir masculinidades, un almuerzo sweetie pie y un me with me plan para ir al cine a ver una película de danza.
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