Si hay algo que realmente odio en esta vida es la idea de que hay cosas de hombres y cosas de mujeres. Odio, por ejemplo, que los meseros pongan sobre la mesa botellas de cerveza para mis amigos y a mí, además de la botella, me den un vaso. Odio que la gente asuma que sé cocinar o que puedo planchar porque soy mujer: sé cocinar porque amo la comida y aprendí yo sola (y no en largas tardes matriarcales en la cocina) y sé planchar porque mi papá lo hacía por horas frente a la tele desde que tengo uso de razón.
Este semestre, en la clase que dedicamos a los feminismos, después de una acalorada discusión y como respuesta a una pregunta maravillosamente comprometedora (¿tu qué crees?) llegué a la conclusión que, más allá de lo biológico, las diferencias entre los géneros son irrelevantes (y, en realidad, el valor que le damos a lo biológico también es una construcción cultural). Sí, existen distintas sensibilidades y distintas maneras de ver el mundo -como dijo la roomie- pero, para mí, no depende de ser mujer o ser hombre. Que la felicidad y la realización en la vida tenga cara de niños corriendo por la casa o el amor por el color rosa son asunto de prioridades y gustos y no de mujeres.
Hace unos días, después de que uno de mis lentes de contacto salió volando y se fue por el lavamanos, terminé con los dedos embarrados de jabón y llorando como una Magdalena hincada en el baño.
Lo más extraño es que mientras corrían las lágrimas y pensaba qué estaba haciendo (de verdad, ¿qué estás haciendo?) me preguntaba por qué en esa escena no podía imaginarme a ningún hombre en mi lugar. ¿Por qué un hombre no lloraría por el lente de contacto que acaba de perder? De verdad, ¿un hombre no lloraría por eso? O en todo caso, ¿por qué no podía imaginármelo?
Sé que soy mucho más heteronormativa de lo que me gustaría y no me preocupa, sé que lo importante es reconocer esas cosas y no dejar que esas concepciones de lo masculino y lo femenino regulen lo que hacemos sin darnos cuenta... Pero ¿por qué sentía que estaba siendo tan "imagen-tradicional-de-lo-que-se-espera-que-haga-una-mujer", o sea, tan nena?
Y nada, al final me calmé, asumí que el lente se había ido al limbo de las cosas perdidas, que ahora acompañaría a los cientos de calcetines que han desaparecido de mi vida dejándome sin pares y que aunque la escena seguía siendo un misterio en cierto sentido, en el fondo la explicación es que de repente lloro: lloro, me salen manchitas rojas en la cara, lloro un poco más porque las manchitas hacen que me vea fea y listo, respiro profundo y soy feliz otra vez. Y conste que no lloro porque soy mujer sino porque sí.
Si un hombre termina con el ojo lleno de jabón seguro que también llora, o mejor aún hace pucheros. Yo he visto hombres que no lloran lloran como actriz de telenovela pero pucherean machín viendo el rey león por ejemplo.
ResponderEliminarY de que hay de sensibilidades a sensibilidades las hay: Yo no soporto las películas/novelas/historias de amurz o directamente dirigidas a la audiencia tradicional femenina, a mi dame explosiones, aventura, terror, ciencia ficción y soy feliz como lombriz pero mi mamá (que es mi ejemplo a seguir si hablamos de roles de gónero)por ejemplo adora y llora con el diario de bridgit jones, y mi mamá es bien "macha" ajajajaja