sábado, 2 de junio de 2012

Por qué las niñas lloran

Si hay algo que realmente odio en esta vida es la idea de que hay cosas de hombres y cosas de mujeres. Odio, por ejemplo, que los meseros pongan sobre la mesa botellas de cerveza para mis amigos y a mí, además de la botella, me den un vaso. Odio que la gente asuma que sé cocinar o que puedo planchar porque soy mujer: sé cocinar porque amo la comida y aprendí yo sola (y no en largas tardes matriarcales en la cocina) y sé planchar porque mi papá lo hacía por horas frente a la tele desde que tengo uso de razón.

Este semestre, en la clase que dedicamos a los feminismos, después de una acalorada discusión y como respuesta a una pregunta maravillosamente comprometedora (¿tu qué crees?) llegué a la conclusión que, más allá de lo biológico, las diferencias entre los géneros son irrelevantes (y, en realidad, el valor que le damos a lo biológico también es una construcción cultural). Sí, existen distintas sensibilidades y distintas maneras de ver el mundo -como dijo la roomie- pero, para mí, no depende de ser mujer o ser hombre. Que la felicidad y la realización en la vida tenga cara de niños corriendo por la casa o el amor por el color rosa son asunto de prioridades y gustos y no de mujeres.

Hace unos días, después de que uno de mis lentes de contacto salió volando y se fue por el lavamanos, terminé con los dedos embarrados de jabón y llorando como una Magdalena hincada en el baño.

Lo más extraño es que mientras corrían las lágrimas y pensaba qué estaba haciendo (de verdad, ¿qué estás haciendo?) me preguntaba por qué en esa escena no podía imaginarme a ningún hombre en mi lugar. ¿Por qué un hombre no lloraría por el lente de contacto que acaba de perder? De verdad, ¿un hombre no lloraría por eso? O en todo caso, ¿por qué no podía imaginármelo?

Sé que soy mucho más heteronormativa de lo que me gustaría y no me preocupa, sé que lo importante es reconocer esas cosas y no dejar que esas concepciones de lo masculino y lo femenino regulen lo que hacemos sin darnos cuenta... Pero ¿por qué sentía que estaba siendo tan "imagen-tradicional-de-lo-que-se-espera-que-haga-una-mujer", o sea, tan nena?

Y nada, al final me calmé, asumí que el lente se había ido al limbo de las cosas perdidas, que ahora acompañaría a los cientos de calcetines que han desaparecido de mi vida dejándome sin pares y que aunque la escena seguía siendo un misterio en cierto sentido, en el fondo la explicación es que de repente lloro: lloro,  me salen manchitas rojas en la cara, lloro un poco más porque las manchitas hacen que me vea fea y listo, respiro profundo y soy feliz otra vez. Y conste que no lloro porque soy mujer sino porque sí.

1 comentario:

  1. Si un hombre termina con el ojo lleno de jabón seguro que también llora, o mejor aún hace pucheros. Yo he visto hombres que no lloran lloran como actriz de telenovela pero pucherean machín viendo el rey león por ejemplo.
    Y de que hay de sensibilidades a sensibilidades las hay: Yo no soporto las películas/novelas/historias de amurz o directamente dirigidas a la audiencia tradicional femenina, a mi dame explosiones, aventura, terror, ciencia ficción y soy feliz como lombriz pero mi mamá (que es mi ejemplo a seguir si hablamos de roles de gónero)por ejemplo adora y llora con el diario de bridgit jones, y mi mamá es bien "macha" ajajajaja

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