domingo, 29 de enero de 2012

Las cosas siempre pasan por algo...

y sí, eso es un cliché, pero de verdad, las cosas (desde un moco hasta dios) pasan por algo.

Hasta hace menos de un mes mi plan para esta semana santa era ir al DF y comer millones de tacos al pastor y de canasta, hacerla de guía de turista y recorrer las líneas verde y azul del metro. Ese ya no es mi plan.

Due to some recent developments, mi semana santa, efectivamente, comenzará con tres tacos de chicharrón, uno de frijol y dos de adobo procedentes de alguna canasta montada en una bicicleta en alguna esquina, incluirá una visita al Fondo -en donde compraré como loca todos los libros que se me ocurra que podré necesitar en los siguientes tres años y todos los libros que se me ocurra podré regalar en los siguientes tres años- y estará coronada por una comida, un café y unos whiskys con los dos literatos más maravillosos de mi amada alma mater (gooooya, gooooya...).

Sin embargo los días chilangos se acortarán y, en cambio, pasaré una espectacular, súper emocionante y -espero- calientita semana en mi tierra. Yeah.

Tacos de asada, de barbacoa y de cabeza, taco fish y dogos de la uni (sí, sí, ya sé que a todos les gustan más los Tutuli pero, nada, yo soy old school y qué se le va a hacer). Mom, dad, las abuelas y los primos, el hermano, la Linduñis y la enormbrina. Las niñas y los monous (all my dudes and dudettes included).

Casi de chiripa, una decisión complicada y asustosa llevó a un plan feliz y emocionante.Así que salud porque los caminos de la vida no son como yo pensaba (they're even better) y que se agarre el ransho porque en unas semanas esta hermosillense estará de visita (¡pow, pow, pow!)...

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