Los lugares:
- Covent Garden. La primera vez que llegué ahí la plaza apareció ante mí, inesperada y hermosamente. Me encantan sus tiendas fancy en las que envuelven las compras en papel de china antes de meterlas a hermosas bolsas de asitas.
- Camden. Amo que sea una combinación de Coyoacán, Pericoapa y San Ángel (aunque lo que más amo es la comida etíope de los puestos del fin de semana y las chamarras de piel de 10 libras).
- Borough Market. Llegué ahí en un gran día, así que el lugar me recuerda ese día, sin embargo, mi devoción a Borough tiene que ver con lo acogedor que resulta para una tragona solitaria como yo: la oferta gastronómica solo es superada en espectacularidad por las banquitas rodeadas de plantas y sutilmente dispuestas for one.
Solo hasta que escribí esto me di cuenta de que los tres son mercados así que la cosa podría ser más fácil: de Londres amo sus mercados, pero hay otro lugar que ocupa un lugar aún más especial en mi corazón: el metro. No solo amo su eficacia y su señalización (que hace que ni siquiera yo, la que recorrió mil veces una calle en Palermo en Buenos Aires porque no se acordaba de en qué dirección venía, o la que de alguna misteriosa forma terminó del otro lado de las vías del tren en Nueva Orleans sin encontrar cómo cruzar de regreso) sino que, de verdad, el metro es uno de mis lugares favoritos en Londres.
Así, el metro en general.
Cada estación tiene algo en particular, desde las ilustraciones medievales que cubren las paredes de Charing Cross hasta la estética "callejón del terror" del tunel de Leicester Square. Amo los posters en los que, en verso, le sugieren a la gente que no se haga bola en un solo lugar ("Platforms are really rather long/wich its why it seems rather wrong/to stand together in one place/with someone's backpack on your face"), amo el "Please mind the gap between the train and the platform" y amo enterarme de y reafirmarme en los anuncios en los vagones y los pasillos.
Pero lo que más amo del metro es la gente. Amo que las hileras de asientos en la Northern line estén frente a frente a una distancia en la que se establece una conexión con el resto de los pasajeros: uno sabe qué leen, a qué juegan en el celular, a dónde fueron de shopping, incluso uno puede saber qué van a cenar, si pasaron al súper antes de coger el metro a su casa, uno sabe quiénes son turistas, quienes vienen del pub (y quienes a penas van) y todo eso sin sentir que peligra tu espacio personal. Hay gente que no ve a la otra gente, pero hay gente que, de repente, levanta la mirada y se fija en lo que uno se está fijando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario