Hoy pasé el primer día en mi nuevo depa.
En realidad, hoy pasé las primeras horas en mi nuevo depa mientras esperaba a que llegaran el colchón y el refri (que, aunque prometidos para "el transcurso de la mañana" llegaron hasta después de las cuatro). En ese tiempo, sin embargo, descubrí lo siguiente:
- El sofá-cama de la sala es lo suficientemente cómodo (aún sin desarmar, o sea, sin hacer cama) como para, digamos, echarse una siesta en lo que uno espera a que lleguen los muebles.
- A pesar de estar en La Concordia, un barrio popular del centro, todo el día se escucha, desde los altavoces ubicados en algún lugar que aún no he podido ubicar, la estación de música clásica de Bogotá.
- Si uno no viene de la calle, es decir, si uno no tuvo que subir la montaña desde alguna de las calles principales a la del depa, cuatro pisos no son tanto. En otras palabras, bajar a abrirles a los de la mudanza, acompañarlos arriba, bajar otra vez a abrirles para que salgan y volver a subir no es lo peor del mundo.
- Uno puede comprar tres panes, un paquetito de queso y uno con (dos) salchichas más una Coca Cola por $5,300. Una ganga.
- Mi vecina del quinto piso está loca. Clínicamente. Cuando baja las escaleras grita y cuando sube habla sola.
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