Siempre me he tardado mucho en escribir cada post. Leo y leo y leo en voz alta para ver cómo suena cada linea, si tiene punch, si resulta tan divertida o conmovedora como la pensé. El problema no es tardarme ni llevar más de media hora en dos oraciones. El problema es llevar más de media hora en dos oraciones solemnes de las que solo podían seguir otras dos oraciones dignas de película de Hallmark.
Eso pasa cuando uno deja de escribir tanto tiempo. Y eso pasa cuando uno decide retomar la escritura a unos días de haber comenzado el año, en el cuarto en el que escribió el primer post de este blog y después de haberse encontrado con una mujer con la que compartió los años de short debajo de la falda y de Tostitos con queso como desayuno.
Eso pasa también cuando uno no tiene nada que decir, salvo que ayer comió, ya bien entrada la tarde, un omelet de papas hash brown y tocino con mucha salsa Tabasco (con ella, la de los recuerdos compartidos) y vio Cloud Atlas en el cine (también con ella) y le gustó.
Eso pasa cuando uno lo que quiere, en realidad, es que el blog no muera y que los demás se enteren. Y así, uno termina hablando del tiempo y los cambios y las preguntas y las esencias y la madurez y luego borra todo eso y vuelve a empezar, solo para decir que no, que este blog no ha muerto y que quiero seguir escribiendo y que, pues qué más, feliz año.
Sigue escribiéndo porque tienes lectores que te seguimos. me encanta leerte mujer... Un abrazo y un beso y si por favor, que tu blog no muera...Saludos!
ResponderEliminar