sábado, 15 de septiembre de 2012

Del 15...

Esto de estar lejos a veces es complicado. Hace un año prometí no volver a ir nunca más al "festejo" del grito que organiza la embajada (las comillas van porque no fue un festejo sino una expo-México), pero cuando lo dije pensaba que este año recibiría la invitación y que le respondería a ese cartoncito con mi nombre debajo del "El señor embbajador tiene el gusto de..." que no gracias, que yo no me prestaría a esas payasadas, que mal que bien los símbolos y los ritos patrios todavía tenían algún significado para mí.

Pero no, este año no me invitaron. 

Y este año tampoco podré hacer pozole y poner las banderitas y las guirnaldas tricolores porque el 15 cayó en un muy mal momento del calendario académico y ni S.P, ni el Bello, ni la L y, realmente, ni yo tenemos mucho tiempo para eso.

Además, yo siempre he dicho que uno de los triunfos del nacionalismo en México (o sea, de los proyectos de inventarse una nación) es la separación de los asuntos estatales y oficiales de los disfrutes y las dichas personales, pero este año ya no sé. Creo que mi país está tan roto y nos duele tanto que cuesta trabajo, incluso, ponerse la blusa de flores bordadas y pensar en chiles en nogada. Y no porque eso ya no sea nuestro o porque nos de pena sino porque uno no sale agarrado de la mano a darse besos con el novio con el que se acaba de agarrar del chongo: primero se resuelven las cosas. 

Y yo no las he resuelto.

No sé que hacer con mi país estando lejos y, probablemente, la mejor manera de comenzar no sea dando el grito. Mejor, guardaré la botella de tequila y el ajuar tricolor para uno de estos días en el que, casualmente, decida compartir con mis amores de acá, mis amores de allá. 

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