lo cual, evidentemente no quiere decir que esté de acuerdo con cierto tipo de violencia o que crea que ésta, si no es de género, está bien, pero, me parece que no es cierto que cada vez que le pegan a una mujer es porque es mujer. Yo sé que esto suena raro pero tiene una razón de ser.
Hoy leí una carta-declaración que escribió alguien que conozco desde hace muchos años. En esta carta denunciaba que había sido golpeada por un individuo. Hasta ahí todo bien, o sea, rechazo y desaprobación al individuo pero, ¿solidaridad con la "víctima"?
Por los días de la Marcha de las Putas leí una columna en la que varias mujeres contaban sus historias: años de abusos físicos y emocionales y de manipulación por parte de sus parejas. Por esas fechas salió en La Jornada la noticia de un profesor de la UNAM que había sido despedido por querer demostrar su poder a costa del futuro académico de una alumna. En esos y en miles de casos más, existe violencia de género porque un hombre cree que tiene derecho a que una mujer haga lo que él quiere, porque le asigna un rol que pretende que ella asuma sin cuestionar, porque él cree que es natural que él sea más inteligente, más fuerte, más todo.
No toda la violencia hacia las mujeres es violencia de género.
Pasa que alguien un día hace algo y ese algo provoca una reacción. Pasa, de repente, que, como diría mi mamá, cuando uno está metido en el lodo, se embarra. Y probablemente siga siendo igual de críptica que al inicio del post, pero me cuesta trabajo decir todo lo que pienso sin hablar de otros.
El que alguien escriba una denuncia pública de este tipo, tengo que confesarlo, me da mucho coraje por dos motivos: el primero es sumamente personal y tiene que ver con mi experiencia con la violencia de género, particularmente con mi experiencia con uno de los sujetos que en esta historia es puesto a jugar el papel de héroe. Hace años, cuando yo conté mi historia, para muchos fui una loca que exageraba las cosas, para otros -el caso más grave- había sido una "mala amiga" porque no accedí a lo que "mi amigo" quería, porque, para eso son las amigas, ¿qué no? Pobres, ellos están solos y nos necesitan. Ajá.
Y sí, pueden decir lo que quieran, que digo esto porque tengo envidia (no sé me ocurre qué podría envidiarles, pero bueno...), porque estoy desesperada por llamar la atención, porque nunca superé que... ¿qué? Cualquier cosa... pueden decir cualquier cosa pero el segundo motivo por el que todo esto me da mucho coraje es porque en un acto aparentemente de defensa de las mujeres lo que se hace es justamente lo contrario.
Hace unos meses, cuando el ahora ex-director de la selección de Colombia le pegó a una mujer en un bar, ministros y funcionarios hablaron y hablaron de la violencia contra las mujeres. Cuando el escándalo había pasado, Carolina Sanín escribió en su columna que el caso era grave porque hablar de ese episodio "famoso" en el que las cosas nunca fueron claras y la afectada nunca apareció, invisibilizaba y expiaba las culpas públicas frente a los millones de casos de violencia de género que las mujeres de este país, del mío y de todo el mundo viven todos los días, to-dos-los-dí-as.
Esta carta-denuncia lo único que hace es reproducir los roles de género y los mecanismos de dominación que son los que provocan a la violencia de género. Aquí hay hombres malos -el agresor- y hombres buenos -el "héroe" que, paradógicamente y según la agredida "puso al agresor en su lugar, o sea en el suelo"- y mujeres indefensas que, sin deberla ni temerla se encuentran con un hombre malo. Al final de cuentas, lo que no deja de producirme una extraña sensación de ¿risa? es que conozco a más de uno que podría acusar a la acusadora de violencia, de género y de la "normalita".
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